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Casi cada reparto tiene solución, lo que hace que cada derrota se sienta personal. El solitario del jugador pensante.
Solo necesitas a ti mismo y una baraja para un buen juego. Estos diez juegos de solitario y paciencia van desde el Klondike que todos conocen hasta retos menos conocidos como los Cuarenta Ladrones y el Escorpión. La mayoría se pueden jugar en una mesa, en la bandeja de un avión o incluso en el regazo en la cama.
El juego al que la mayoría se refiere cuando dice 'Solitario'. Siete columnas en cascada, cuatro pilas de base y una baraja llena de intentos.
Casi cada reparto tiene solución, lo que hace que cada derrota se sienta personal. El solitario del jugador pensante.
Dos barajas, diez columnas y ocho secuencias que construir. Más largo, más difícil, y la variante de solitario que se lleva toda tu tarde.
Despeja una pirámide de cartas emparejando valores que sumen trece. Corto, estrictamente matemático y brutalmente implacable.
Tres picos superpuestos de cartas; elimínalos en secuencias. Más cercano a un puzle que a un solitario clásico, con un ritmo más limpio.
Como Klondike, pero cada carta boca arriba se puede mover y no hay pila de reserva. Más difícil porque nada está oculto.
Vacía un tableau de siete columnas pasando secuencias a una pila de descarte. Corto, adictivo y puntuado como una ronda de golf.
El juego que atrapó a toda una generación de turistas de balneario en la década de 1890. Más difícil que Klondike con una mecánica de reserva más estricta.
Dos barajas, diez columnas, todas las cartas boca arriba. Notoriamente difícil; ganar se siente como abrir una caja fuerte.
Una sola fila donde apilas cartas según palo o valor. El juego entero cabe en la bandeja de un asiento de tren.